Ask me anything   Submit   Relatos bizarros de asesinos y asesinas,
la saga de los "Quesos Sangrientos"

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    LA MATACARLOS (La asesina de los Carlos)

    Episodio 1 “Carlos Grosso”

    Aquel día era un viernes. Carlos Grosso estaba en su contaduría, como cualquier otro día, cuando pensaba ocuparse de la empresa Barclays & Mason, uno de sus clientes más importantes y recientes. Grosso, un hombre de unos cuarenta y pico de años, le dijo a su secretario y asistente personal:

    -         Puede retirarse Matías, ya es tarde, yo me ocupo del tema.

    -         Muy bien, señor Grosso.

    -         ¿Durante mi ausencia hubo alguna novedad?

    -         Sí, mandaron este paquete.

    Carlos se acercó al paquete, lo abrió  y para su sorpresa, se trataba de un Queso. Era un Queso pategras, con cáscara roja.

    -         ¿Quién envió esto?

    -         No lo sé, no tiene remitente, pero se lo envían a usted, fíjese, dice “Sr. Carlos Grosso”. Quizás sea una atención de Barclays & Mason, ellos comercian alimentos.

    -         Puede ser, sí, puede ser – contestó Grosso, que de todas formas continuaba intrigado ante el Queso que había recibido.

    Matías, el asistente, se retiró de la ofician, y pasaron un par de horas. Era invierno, cuando las noches son más largas, y Carlos seguía trabajando aún cuando el resto del edificio estaba ya casi vacío. Faltaba poco para terminar y empezaba a guardar las cosas para retirarse, cuando en forma sorpresiva sonó el timbre. Carlos se sorprendió, pues no esperaba a nadie, y se acercó a la puerta para preguntar quien era.

    -         ¿Quién es? – preguntó Grosso.

    -         ¿El señor Carlos Grosso? – fue la respuesta, era una voz de mujer.

    -         Sí, soy yo.

    -         Por favor, soy la señorita Lorena Quesada, de la empresa Barclays & Mason, es un tema urgente, muy importante.

    Barclays & Mason era una de los clientes más importantes y a la vez recientes que tenía Grosso en su contaduría. El contador abrió la puerta y al hacerlo, vio que se trataba de una mujer joven y rubia, muy bien vestida, con dos guantes negros que le enfundaban las manos.

    -         Buenas noches, señor Grosso, espero poder hablar con usted. Es algo muy importante y urgente.

    -         No esperaba su visita, señorita. ¿No podría venir el lunes? ¿Se trata de algo tan urgente? – le dijo Grosso.

    -         No. Esto debe resolverse hoy, señor Carlos Grosso – contestó la chica – podemos hablar por las buenas, o podemos hablar por las malas.

    No terminaba de decir esto, cuando la chica abrió la cartera, sacó un revolver con calibre 45 largo con silenciador y apuntó hacia el hombre, que asustado dijo:

    -         ¿Qué significa esto?

    -         ¿No me conocés, Carlos? No me conoces. Yo te mande hoy ese Queso. Soy la señorita Ana Lorena Quesada, la hija de Ana María Quesada, ¿Te acordás? La mujer que investigó los negocios turbios que vos tenías en la Provincia. Como te molesto, la mandaste a matar. Los asesinos que contratastes no solo mataron a mi madre, también a mi tía, a mi hermana y a la mucama. Los asesinos me violaron y sí sobreviví, fue porque creyeron que estaba muerta. Pero aca estoy, Carlos Grosso, vine a hacer justicia.

    Carlos Grosso estaba sorprendido, parecía no tener escapatoria, aterrorizado ante la chica que lo apuntaba con un arma, preso del pánico, llegó a decir en voz alta:

    -         ¡No tuve nada que ver con ese crimen!

    -         Mentira – dijo la chica – sobornaron a los jueces, pero ahora voy a hacer justicia.

    La chica entonces disparó el revolver en ocho ocasiones. Los balazos cayeron en todo el cuerpo de Carlos Grosso, que se tumbó de bruces sobre el suelo, cayendo muerto, totalmente ensangrentado. La asesina esbozó una sonrisa de satisfacción ante el crimen que había cometido.

    La asesina tomó el Queso que ella misma había enviado y que se encontraba sobre la mesa y lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -         Carlos Alfredo Grosso..

    Y se fue del lugar del crimen en forma tan misteriosa como había llegado.

    Episodio 2 “Carlos Russo”

    Carlos Russo era un muchacho alto, joven y rubio, que todos los días iba a un gimnasio. Allí conoció a una chica que se presentó así mismo como Lorena. Era una joven muy bella, irresistible para el deportista, y por eso resulto lógico que una noche ambos resolvieran encontrarse en un departamento para tener sexo.

    Carlos estaba desnudo, con solo un calzoncillo que le cubría los testículos, mientras esperaba acostado a la chica. La joven se acercó hacia él, casi desnuda, pues la única parte del cuerpo que tenía cubierta eran sus manos, donde lucía un par de guantes negros. Con sus manos sostenía una bandeja que tenía un Queso. La asesina dejó el Queso sobre un mueble y se acercó adonde estaba Carlos.

    La chica tomó los enormes pies de Carlos y le dijo:

    -         ¡Qué pies grandes que tenes! ¿Cuánto calzas, Carlitos?

    -         Cuarenta y cinco – fue la respuesta de Carlos.

    -         ¿Puedo oler tus pies? – dijo la chica.

    -         Bueno, pero mira que hoy no me los lave. Deben de tener olor.

    -         No importa, me gustan los hombres como vos, con olor a Queso.

    La chica comenzó a oler los pies de Carlos, que efectivamente olían a Queso. Tras hacerlo, le dijo al muchacho:

    -         ¿Seguimos jugando Carlos?

    -         ¿Qué queres hacer algo? Con vos hago lo que quieras.

    -         Te voy a atar a la cama con estas esposas, es mi juego sexual preferido.

    -         Hacelo, nena, hacelo.

    La chica ató a Carlos a la cama, y tras hacerlo, se tiró encima de él, de repente sacó un enorme cuchillo de cocina, para sorpresa y terror del hombre, que atinó a decir:

    -         ¿Qué haces con ese cuchillo?

    La asesina colocó el cuchillo sobre el cuello de Carlos y le dijo:

    -         ¡Te voy a matar, Carlos! Vos asesinaste a mi madre, a mi hermana, a mi tía, y a la mucama. Fuístes uno de los asesinos que contrato Carlos Grosso. A el ya lo maté a balazos. Hoy llegó tu turno. ¡Vas a morir!

    La asesina no terminaba de decir esto cuando levantó el cuchillo y lo clavó en el pecho de Carlos. Lo siguió apuñalando en forma salvaje y desenfrenada. Fueron como treinta puñaladas.

    Al terminar, la asesina tomó el Queso, y lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -         Carlos Gerardo Russo.

    Así fue asesinado Carlos Gerardo Russo.

    Episodio 3 “Carlos Vazquez”

    Carlos Eduardo Vazquez era un muchacho alto y morocho que trabajaba en un taller mecánico. En otros tiempos hubiera aspirado a algo mejor, pero la vida lo llevó a tener que conformarse con eso. Una tarde, atendió a una clienta que era una chica rubia, joven y bella. Dijo llamarse Lorena. Cada vez que iba al taller quería que la atendiera Carlos. No quería que la atendiera Juan, Roberto o Santiago, los otros empleados del taller mecánico. Un buen día, Lorena le dijo a Carlos:

    -         ¿Querés tener una noche de sexo conmigo? Si tenes un buen departamento, esta noche te visito. No es necesario que me contestes ahora, tomate tu tiempo.

    Carlos Vazquez se sorprendió ante el ofrecimiento de la chica. Dejo pasar un rato y esa misma tarde, cuando la chica regresó, le dio la respuesta:

    -         Te espero esta noche en mi departamento, es la Calle de los Imbéciles n° 236 departamento 17.

    Así fue como esa noche la chica fue al departamento de Carlos Vazquez. El hombre le ofreció a la chica tomar un licor, Lorena aceptó, pero en un momento en que Carlos estaba distraído, la chica metió un líquido en la copa de Carlos. El hombre no se dio cuenta de nada, tomó el licor y comenzó a tener mucho sueño. Tanto que se sentó a una silla.

    Cuando se despertó, estaba atado en una silla. Muy cerca de la mesa, donde había un Queso sobre una bandeja. El Queso, un Emmenthal, relucía sus grandes y voluminosos agujeros. Carlos levantó la vista y contempló a la chica, que con un cuchillo en la mano, le dijo:

    -         Llegó la hora de la justicia, Carlos Vazquez. Quizás no me recuerdes, pero hace algunos años, vos me violaste. Era una nena en ese entonces, pero eso no fue lo peor. Mataste a mi madre, a mi tía, a mi hermana y también a la mucama. Te contrataron para eso y te pagaron muy bien. Carlos Grosso te contrató. Ya lo asesiné de seis balazos. A Carlos Russo, el otro asesino a sueldo que participó del hecho, lo apuñalé hace algunos meses. Hoy llegó tu turno, Carlos Vazquez.

    El hombre no pudo responder nada. La asesina se pusó a su espalda, levantó el cuchillo y se lo clavó en la nuca a Carlos Vazquez. El cuchillo le atravesó todo el cuello y el cadáver quedo sobre la mesa, tumbado, justo al lado del Queso. Al terminar esto, la asesina

    dijo en voz alta:

    -         Carlos Eduardo Vazquez.

    Y se fue del lugar del crimen en forma tan misteriosa como había llegado.

    Episodio 4 “Carlos Olaran”

    En alguna capital de provincia del norte del país, un muchacho llamado Carlos Olarán salía de un entrenamiento de fútbol. Se dirigió con total tranquilidad al estacionamiento donde se encontraba su auto. Estaba abriendo la puerta del vehículo cuando escuchó una voz de mujer que pronunció en voz alta su nombre:

    -         Carlos Isidro Olarán.

    Carlos se dio vuelta y se sorprendio al ver a una mujer joven, rubia, muy bien vestida, delante de él. Pero la sorpresa se convirtió en pánico cuando Carlos se dio cuenta que la chica con sus manos, enfundadas en guantes negros, sostenía un revolver con silenciador que apuntaba directamente hacia él.

    -         ¿Quién sos? ¿Qué querés? – dijo Carlos con un tono de susto y terror más que evidente.

    -         Llegó tu hora, Carlos Olarán – respondió la asesina – Soy la hija de Ana Quesada, ¿Te acordás de ella? La mataron en forma salvaje, a ella, a mi tía, a mi hermana y también a la mucama. Me violaron, no me mataron porque creyeron que yo estaba muerta.

    -         ¡Yo no maté a nadie! ¡Soy inocente! – contestó  Carlos.

    -         Quizás no tomaste con tus manos ninguno de los cuchillos con las que las asesinaron, pero partipastes del crimen, manejaste el auto que llevó a los asesinos al lugar de los asesinatos y te quedastes como vigía. A los otros ya lo maté. A Carlos Grosso, el autor intelectual, lo ejecuté a balazos. A los autores materiales, Carlos Russo y Carlos Vazquez, los asesiné a cuchillazos. Hoy llegó tu turno, Carlos Olarán.

    -         ¡No me mates! ¡No me mates! – comenzó a gritar Olarán.

    La asesina ya no contestó levantó el revolver, apunto hacia Carlos y disparó el gatillo. Fueron seis balazos que impactaron en el cuerpo de Olarán. Nadie escuchó nada, pues el silenciador que usó la asesina tapó todos los ruidos y sonidos. El cadáver de Carlos Olarán quedó a un costado del auto, que estaba manchado de sangre. La asesina abrió la cartera, guardó el revolver en ella y sacó de la misma un Queso, lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -         Carlos Isidro Olarán.

    La terrible, sanguinaria e implacable “Matacarlos”, la asesina de los Carlos, se había cobrado su cuarta víctima.

    Episodio 5 “Carlos Enrique”

    Lorena ya había cometido su venganza. Los asesinos de su familia, quienes apuñalaron a su madre, a su hermana, a su tía y a la mucama, y la violaron a ella misma, estaban muertos. Los había asesinado a todos. Uno a uno fueron asesinados. Carlos Grosso, el autor intelectual, asesinado a balazos; Carlos Russo, uno de los asesinos, apuñalado en la cama; Carlos Vazquez, otro de los asesinos, asesinado de un cuchillazo en la nuca; Carlos Olarán, participe necesario y complice del crimen, ejecutado a balazos.

    Los cuatro se llamaban Carlos y la asesina entonces comenzó a tener un odio visceral y psicotico hacia los hombres que se llamaban de esa manera. La asesina se dio cuenta que su sed de venganza no tenía fin y comenzó a buscar nuevas víctimas.

    Carlos Alberto Enrique era un hombre que solía acostarse con prostitutas en un tugurio ubicado en la zona del puerto. Aquella noche estaba desnudo esperando a Roxana, su prostituta favorita. Para su sorpresa, la que apareció ante él, era Lorena, a quien no conocía.

    -         ¡Hola Carlos! – dijo la chica – espero satisfacer tus necesidades sexuales.

    -         ¿Y Roxana? ¡La estaba esperando a ella!

    -         Ella no podrá venir, hoy tiene un cliente que paga mejor que vos, espero poder gustarte y divertirte. Es mi objetivo.

    -         Perfecto, sos muy linda. Vení, quiero tener sexo con vos.

    La chica se tiró sobre la cama, y rapidamente sacó un cuchillo, y en forma salvaje y desenfrenada, comenzó a apuñalar a Carlos. El hombre nada pudo hacer ante la furia criminal de la asesina, que lo asesinó de más de treinta puñaladas. Al terminar la asesina limpió el cuchillo con las sabanas, abrió una cartera, guardó el cuchillo en ella y tras sacar de la misma un Queso, lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -                   Carlos Alberto Enrique.

    Episodio 6 “Carlos Alfaro Moreno”

    Algún tiempo después de acuchillar a Carlos Enrique, su quinta víctima, Ana Lorena Quesada, “la Matacarlos”, la asesina de los Carlos, fue a vacunarse contra la Gripe A. Un muchacho llamó a Lorena, la chica se acercó y contempló la credencial que tenía el joven.

    -         Carlos Alejandro Alfaro Moreno – decía.

    La asesina sintió un fuerte impulso y pensó: “este enfermero será mi sexta víctima, el sexto Carlos al que voy a asesinar”. Debió tranquilizarse un poco, mientras el enfermero, Alfaro Moreno, le dio la vacuna dándole una inyección en el brazo. En los días siguientes, la asesina comenzó a investigar al enfermero, y tras averiguar que el jueves se quedaría toda la noche haciendo guardia, resolvió asesinarlo ese día.

    Llegó así el jueves por la noche, la asesina fue a la Farmacia y tocó el timbre. Carlos, el enfermero, acudió a abrirle la puerta.

    -         Buenas noches, ¿En qué puedo ayudarla?

    -         Vengo por la vacuna. El otro día me la inyectaste. Me dio una reacción alérgica.

    -         Así, ¿Te atendí el otro día, no? – le dijo Carlos – Que raro, porque esas vacunas no tienen una reacción alérgica después de algunos días. Vení al consultorio, a ver que puedo darte, y para verte bien la reacción.

    El enfermero y la asesina se dirigieron hacia el consultorio. El joven comenzó a buscar algunas cosas mientras le dio la espalda a la chica. Cuando se dio vuelta, y para su sorpresa, la chica le estaba apuntando con un revolver con silenciador, que sostenía con dos guantes negros.

    -         ¿Qué significa esto? – preguntó Carlos Alejandro Alfaro Moreno.

    -         Voy a asesinarte. Soy “la Matacarlos”, la asesina de los Carlos, vos te llamas Carlos, y sos mi próxima víctima.

    No medio una sola palabra más entre la asesina y el enfermero. La chica disparó y asesinó al enfermero de nueve balazos. Cuando terminó, la asesina abrió la cartera, guardó el revolver en ella y sacó de la misma un Queso, lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -                   Carlos Alejandro Alfaro Moreno.

    Episodio 7 “Carlos Ciochetto”

    Con media docena de crímenes en su haber, la temible “Matacarlos” (la asesina de los Carlos) decidió cambiar de aires y se radicó en la zona norte del Conurbano. Adopto un nuevo nombre, el de Julieta, aunque prefirió mantener su apellido, Quesada. Al poco tiempo ya trabajaba en un multimedio relacionado con el rugby. Fue así como conoció a cientos de rugbiers, y lógicamente algunos de ellos se llamaban Carlos. Carlos Nicolás Ciochetto, de Atlético del Rosario, fue su próximo objetivo.

    El rugbier era fácilmente seducible y una noche Lorena (o Julieta, como se hacía llamar) logró que Carlos la invitara a su departamento. Ciochetto imaginaba una buena cena, disfrutar después de una copas y de la música, y finalmente tener sexo con Lorena. Muchas chicas desfilaban por su departamento. Sobre una mesa muy bien servida había una bandeja con un Queso Gruyere.

    Carlos estaba sentado sobre la mesa y le daba la espalda a la chica.

    Lorena se dio cuenta que era el momento para asesinarlo y entonces se puso los guantes negros y al pasar por la cocina y detuvo su vista en un enorme, largo y filoso cuchillo que estaba sobre la mesa. Lorena lo tomó, y dio media vuelta, dirigiéndose hacia donde estaba Carlos. Dijo entonces:

    -         Carlos, aca tengo el cuchillo para cortar el Queso.

    El joven, estaba despreocupado cuando Lorena llegó justo atrás de Carlos, agarró bien fuerte el cuchillo con las dos manos, lo alzó y descargó un golpe seco sobre la nuca del joven. El cuchillo entonces le atravesó el cuello al muchacho desde atrás, con la cabeza tendida sobre la mesa, quedando muerto de inmediato.

    La chica fue apagando las luces y abandonó el departamento, satisfecha y llena de placer con el crimen que acababa de cometer, y dijo en voz alta:

    -                   Carlos Nicolás Ciochetto.

    Muchos testigos manifestaron ver salir a una misteriosa y bella mujer del departamento de Carlos Ciochetto, alimentándose así la leyenda de “La Matacarlos (la asesina de los Carlos)”, la asesina serial de hombres que estaba sembrando de cadáveres la ciudad.

    Episodio 8 “Carlos Di Masi”

    Asesinado Carlos Ciochetto, Lorena se dio cuenta que nadie sospechaba de ella y podía elegir alguna víctima más proveniente del mundo del rugby. Su siguiente objetivo paso a ser Carlos Alberto Di Masi, un rugbier de cabellos colorados que jugaba en Alumni.

    Una noche, Di Masi, salió del entrenamiento y se dirigió al estacionamiento. Carlos  comenzó a percibir que una figura femenina se estaba acercando. El muchacho se dio vuelta y contempló frente a él a la asesina, que muy bien vestida, esta vez de rojo, con los guantes negros, lo estaba apuntando con un arma. Era una revolver calibre 45 con silenciador. El rugbier quedó estupefacto al contemplar a la asesina. Nada pudo decir, se limitó a escuchar las palabras de la asesina que pronunció su nombre:

    -         Carlos Di Masi.

    Terminó de decir eso cuando la asesina empezó a disparar y lo llenó de balazos al muchacho. Fueron muchos disparos. Di Masi quedó muerto y la asesina no se retiró del lugar sin tirar el Queso sobre su víctima, y diciendo en voz alta:

    -                   Carlos Alberto Di Masi.

    Episodio 9 “Carlos Arguindegui”

    Los crímenes de los rugbiers provocaron una gran conmoción. Lógicamente, la policía creyó que había pruebas suficientes para pensar que estaban vinculados con los anteriores y que la culpable era una mujer joven. Lorena se dio cuenta que debía actuar con gran cautela. Debía abandonar la zona donde habitaba y el lugar donde trabajaba, pero todavía tenía margen para cometer algún nuevo crimen. Otro rugbier llamado Carlos, Carlos Enrique Arguindegui, del club Pueyrredón, pasó a ser su siguiente objetivo.

    Sabiendo que el rugbier se encontraba solo en su casa, la asesina se dirigió al lugar y entró por una ventana. Arguindegui iba a dormir y se dirigió al baño. La chica, entonces, armada con un cuchillo ingresó al dormitorio. Cuando Carlos entró a la habitación, la chica, cuchillo en mano, se tiró sobre él, y comenzó a apuñalarlo en forma salvaje. Le dio como veinte o treinta puñaladas.

    Cuando terminó, el cadáver del rugbier, totalmente ensangrentado, estaba tirado sobre la cama. La asesina entonces repitió el ritual que solía hacer con sus víctimas, y antes de irse del lugar, le arrojó el Queso, diciendo en voz alta:

    -                   Carlos Enrique Arguindegui.

    Episodio 10 “Carlos Compagnucci”

    Ya eran nueve las víctimas de la Matacarlos, cuando Lorena volvió a mudarse, y se trasladó a un barrio de la zona oeste de la ciudad. Como siempre, Lorena empezó a mutarse con la gente del barrio. Dotada de unos buenos ahorros, se dio cuenta que por un tiempo era mejor tener un trabajo con un sueldo bajo, para pasar desapercibida durante unos meses.  Empezó a trabajar en una verdulería. Se dio cuenta que muchos de sus clientes se llamaban Carlos. Pero al mismo tiempo, no resultaban atractivos como víctimas.

    “Sí, se llamarán Carlos, pero mi target de víctimas debe ser más exigente” reflexionó “tiene que ser alguien atractivo”. Pasado un tiempo empezó a frecuentar por la verdulería un cliente cuarentón, medio alto, pelado, dientudo. Había algo que a la chica le atraía. Un día el cliente sacó una tarjeta y por casualidad, la asesina pudo ver el nombre.

    “Carlos Horacio Compagnucci” rezaba la identidad de la tarjeta. Lorena ya no dudó más. “Lo siento” pensó mientras miraba al hombre “llevó meses de abstinencia, serás mi víctima siguiente”. Esa misma noche la asesina se dirigió hacia la casa del hombre armada con una 45 larga con silenciador. Empezó a estudiar los movimientos, intuyó que Compagnucci estaba solo en la casa. Lorena tocó el timbre.

    -                   ¿Quién es? – preguntó Compagnucci sin abrir aún la puerta.

    -                   ¿El señor Carlos Horacio Compagnucci?

    -                   Sí, soy yo.

    -                   Soy Lorena, la empleada de la verdulería, se olvido algo…

    Compagnucci abrió la puerta, y vio frente a el a Lorena, pero para su sorpresa la chica le apuntaba con un revolver y sin mediar ninguna palabra más, le disparó ocho balazos. Cuando terminó, la asesina tiró el Queso sobre el cadáver de Compagnucci y se fue del lugar sin dejar ningún otro rastro, aunque antes de hacerlo la asesina dijo en voz alta:

    -                   Carlos Horacio Compagnucci.

    Episodio 11 “Carlos Giacobone”

    Tiempo después de asesinar a Carlos Compagnucci, la asesina empezó a trabajar como asistente en una agencia de extras para TV, Cine y Teatro. Lorena escuchó hablar de una publicidad donde iban a trabajar una gran cantidad de artistas. La chica leyó el reparto, y había como diez hombres, su instinto criminal se despertó y pensó “¿Si hay algún Carlos, no sería una buena oportunidad para que fuese mi próxima víctima?”. Hacía un tiempo que no asesinaba a nadie y su sed asesina ya quería saciarse.

    Lorena repasó los nombres del staff, Hernán Drago, Ivo Cutzarida, Iván De Pineda, Juan Cicala, Mario Guerci, Rodrigo Orihuela, Luxiano Bone, Diego Ballut, Ezequiel Lavezzi y Bruno Labaque. “Qué desilusión” pensó la asesina “ bueno, ya encontraré a alguien para asesinar”.

    Le trajeron los n° DNI y los nombres de quienes trabajaban para cargarlos en una planilla y liquidar los sueldos. La chica empezó a pasar uno despreocupada cuando de repente se fijó en uno. “Giacobone, Carlos Luciano Raúl”. Lorena pensó “Imposible, no había ningún Carlos”. Empezó a repasar de nuevo la lista original con los DNI que tenía y llegó a una conclusión: “Claro, Luxiano Bone es el nombre artístico de Carlos Luciano Giacobone” y a su pensamiento agregó “Mi próxima víctima”.

    Giacobone era alto, patón, robusto, muy atractivo para las mujeres y todas las chicas que lo conocían soñaban con tener sexo con él. Aunque estaba dotado de un bello rostro y de un físico impecable, Giacobone estaba convencido que su principal arma seductora era su “olor a hombre”. Tenía un “olor a hombre” en todo el cuerpo, principalmente en los pies, que estaban siempre sudados.

    No fue difícil para Lorena lograr que la llevara a su cama. Giacobone, totalmente desnudo, la esperaba para tener sexo, la chica le dijo:

    -         Quiero tener sexo con vos, Luciano, pero primero quiero olerte tus pies.

    El modelo puso entonces sus pies sobre la cara de la chica, que comenzó a besarlos, chuparlos y olerlos. Tras un rato de hacer esto, la chica le dijo a Luciano:

    -                   ¿Te llamas Carlos, no es cierto?

    -                   Sí – dijo sorprendido el muchacho – pero ¿Cómo lo sabes? Siempre usó mi segundo nombre.

    -         Por el olor que tenes a Queso. Ahora sí, yo olí tus pies, quiero ser tuya.

    Giacobone la esperaba para tener sexo pero en eso vio como la chica comenzó a acercarse lentamente, mientras parecía esconder algo con sus manos.

    -         ¿Qué tenes ahí atrás? - preguntó intrigado el joven.

    -         ¡Un cuchillo! - gritó Lorena.

    Sosteniendo el cuchillo con su mano derecha, la chica se tiró encima de Giacobone. Dotada de una extraordinaria fuerza, y de una indescriptible furia criminal e instinto asesino, Lorena comenzó a apuñalarlo una y otra vez, dándole heridas en todo el cuerpo, unas treinta o cuarenta. Así concluyó su undecimo crimen y como siempre, la asesina arrojó sobre su víctima un Queso, esta vez un Gruyere, y tras eso, se retiró del lugar, aunque diciendo en voz alta el nombre de su víctima:

    -                   Carlos Luciano Raúl Giacobone

    Episodio 12 “Carlos García (Charly G)”

    Tras asesinar a once hombres llamados Carlos, Ana Lorena Quesada, la sanguinaria e implacable “Matacarlos” (la asesina serial de los Carlos) prefirió estar un tiempo sin volver a actuar. Sabía que la estaban buscando, que la habían descubierto y era profuga de la justicia. Por eso se cambió su color de pelo, que de rubio paso a negro, y por supuesto, se cambió el nombre. Dejó de ser Ana Lorena Quesada para pasar a ser Alejandra, aunque mantuvo su apellido, Quesada.

    Claro que su instinto criminal no pudo mantenerse quieto tanto tiempo y desesperada comenzó a buscar una nueva víctima. Por fin lo encontró. Eligió como víctima a un actor de tercera línea que se hacía llamar “Charly G” aunque su nombre era Carlos García.

    “Charly G” era gay y en un buen día al llegar a su camerino, se encontró con un mensaje que decía:

    -         Charly, te espero hoy, después de la función, en el viejo escenario de Bulshan, te amo, quiero verte.

    Charly creyó que era la respuesta de un muchacho al que estaba seduciendo desde hacía un tiempo, y por eso no dudo en ir al lugar indicado. Estaba ahí esperando, cuando para su sorpresa, la que llegó fue una mujer.

    Era una chica joven, muy bien vestida, con guantes negros en sus manos, que le dijo:

    -         ¿No esperabas ver a una mujer, verdad Charly?

    -         No, la verdad que no - contestó Charly G, algo asustado, por la situación - ¿Quién sos?.

    -         Soy la “Matacarlos”, la asesina de los Carlos, vengo a matarte, Charly. O preferís que te llame por tu nombre, Carlos García.

    Entonces la asesina su revolver con silenciador, apuntó hacia Charly y comenzó a disparar. Fueron ocho o nueve balazos, Charly G cayó muerto. La asesina abrió la cartera, guardó el revolver en ella y sacó de la misma un Queso, lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -                   Carlos Alberto García.

    Episodio 13 “Carlos Sebastián Sosa”

    Ya eran doce las víctimas de Ana Lorena Quesada o Alejandra Julieta Cazón, la “Matacarlos”, la asesina de los Carlos, cuando la chica comenzó a incursionar cada vez en el mundo del espectáculo y del deporte. Fue así cuando conoció a un futbolista con una exitosa carrera, arquero para más datos, que se llamaba Sebastián Sosa. En una ocasión, la chica, que trabajaba como planillera, debía anotarlo en la lista de buena fe para un partido, y así descubrió que el nombre legal del joven era Carlos Sebastián Sosa Silva.

    A la asesina entonces se le despertó una incontenible furia criminal y decidió que Sosa, sería su octava víctima. No fue difícil seducirlo y lograr que el joven, que era muy apuesto y sexy, la llevara a su departamento.

    Sebas (como le decían) la estaba esperando en la cama, desnudo, la chica se acercó, y le dijo:

    -         Qué lindo que sos, Sebas, me gustas mucho.

    -         Vení, vamos a divertirnos con el sexo – contestó el arquero.

    -         ¿Te llamas Carlos, verdad?

    -         ¿Cómo sabes? – preguntó Sosa sorprendido – es mi primer nombre, casi nadie me conoce por él.

    -         Me dí cuenta por el olor a Queso que tenés – dijo la asesina.

    Ya no hubo más dialogo entre la asesina y el actor, pues la asesina sacó un cuchillo que tenía escondido detrás y se tiró encima del joven, al que apuñaló salvajemente. Fueron más de veinte o treinta puñaladas.

    Al terminar, la asesina tomó el Queso, y lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -                   Carlos Sebastián Sosa Silva.

    Episodio 14 “Carlos Okulovich”

    La lista de hombres asesinados por la “Matacarlos” (la asesina de los Carlos) ya incluía a trece víctimas, cuando la asesina dejó de ser Ana Lorena Quesada o Alejandra Julieta Cazón, cuando adoptó una nueva identidad, bautizándose como Mariana Fernanda Monzón. En ese entonces, y sabiendo que la policía estaba cerca de descubrirla, la asesina se convirtió en un chica del Turismo de Carretera.

    Fue en esa circunstancia que conoció a Carlos Okulovich, un joven automovilista. Seducirlo fue muy fácil, y una noche, la chica logró que el joven se fuera con él. Estaban dentro de un auto, cuando pararon por un problema en el motor, Carlos iba a ver el inconveniente cuando la chica le dijo:

    -         Espera un momento, Carlos, quiero decirte algo.

    -         ¿Qué pasa, Mariana? – le preguntó el joven.

    La chica sacó un revolver con silenciador de la cartera, y sin mediar palabra alguna, apuntó hacia el joven, disparándole un balazo en el craneo. No fueron necesarios otros tiros, uno alcanzó para asesinar a Carlos Okulovich, que se tumbó sobre el vidrio delantero.

    La asesina abrió la cartera, guardó el revolver en ella y sacó de la misma un Queso, lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -                   Carlos Enrique Okulovich.

    Episodio 15 “Carlos Martín Karpan”

    Con catorce víctimas en su haber, la “Matacarlos”, la asesina de los Carlos, nuevamente cambió su identidad y otra vez adoptó el nombre de Alejandra Julieta Cazón, ingresando otra vez al mundillo del espectáculo. Entonces descubrió que otro actor al que todos conocían como “Martín Karpan” se llamaba en realidad “Carlos Martín Karpan”.

    La asesina ya no dudó. Karpan sería su décima víctima. Tal como ocurrió con Giacobone, decidió apuñalarlo y no tuvo problemas en que el joven la llevara a su departamento, tras seducirlo por un tiempo.

    Martín era alto y bien parecido, desnudo, la esperaba en la cama, para tener sexo. La chica se tiró sobre la cama y le dijo a Karpan:

    -         ¿Te llamas Carlos, verdad?

    -         ¿Cómo sabes? – preguntó Karpan, sorprendido – es mi nombre legal, casi nadie me conoce por él. Salvo cuando era chico, para mi familia era Carlitos.

    -         Me dí cuenta por el olor a Queso que tenés – dijo la asesina.

    Ya no hubo más dialogo entre la asesina y el actor, pues la asesina sacó un cuchillo que tenía escondido detrás y se tiró encima del joven, al que apuñaló salvajemente. Fueron más de veinte o treinta puñaladas.

    Al terminar, la asesina tomó el Queso, y lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -                   Carlos Martín Karpan.

    Episodio 16 “Carlos Berlocq”

    Tras asesinar a quince hombres, la asesina fue descubierta por la policía, que emitió ordenes de captura con su identikit, y resaltando que era conocida por tres nombres diferentes. Para la “Matacarlos” fue un desafío importante, nuevamente se cambió su aspecto, y adoptó una nueva identidad.

    Ahora era Luciana Martina Asnaghi, y se dejó un cabello rubio. La asesina se recluyó en una localidad de la Provincia, a unos 120 kilometros de la capital. Durante un tiempo su instinto criminal permaneció aletargado esta que descubrió que en el pueblo había un joven que jugaba al tenis que se llamaba Carlos Berlocq, al que todos llamaban “Charly”.

    El joven trabajaba en un bar sobre la ruta, la asesina esperó que se quedara solo y se bajó del auto. Berlocq vio que una chica rubia, de cabellos largos y rubios, llevaba puestas una chaqueta, remera, pantalones y guantes, todos negros. Y además unos anteojos oscuros que le cubrían los ojos. Para Berlocq era una mujer muy misteriosa que generaba cierto temor.

    -         ¿Carlos Berlocq? – preguntó la asesina mientras se acercaba a su víctima.

    -         Buenas tardes, señorita. Sí, soy yo, Carlos Berlocq, ¿En qué puedo ayudarla? – le preguntó.

    La respuesta de la mujer consistió en levantar un revolver con silenciador, apuntar hacia el muchacho y dispararle en nueve ocasiones. Carlos Berlocq cayó muerto. La asesina abrió la cartera, guardó el revolver en ella y sacó de la misma un Queso, lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:

    -         Carlos Alberto Berlocq.

    Y se fue del lugar del crimen en forma tan misteriosa como había llegado. Así fue asesinado Carlos Alberto Berlocq.

    Episodio 17 “Carlos Simoni”

    Carlos Patricio Simoni salió del entrenamiento de básquet como todos los días. Se trataba de un ex basquetbolista que ahora seguía vinculado al deporte como entrenador. Lógicamente, como todo basquetbolista era muy alto (medía dos metros) y patón (calzaba cincuenta). Llegó a la camioneta que estaba estacionada en el Parking, abrió las puertas e ingresó a la misma como cualquier otro día. Se estaba incorporando en el asiento delantero, cuando notó que una figura femenina, una chica alta y rubia, emergía de los asientos traseros. Carlos se dio vuelta, y la chica le inyectó una jeringa en el cuello. El basquetbolista se desvaneció de inmediato y se sumergió en un sueño intenso y profundo.

    Cuando reaccionó, un par de horas después, el basquetbolista estaba atado de pies y manos a una silla, una especie de silla de dentista, no podía moverse. No sabía donde estaba, era un cuarto oscuro y húmedo, como de una fábrica abandonada. Simoni observó que frente a el había una mesa con un gigantesco Queso Gruyere, y al lado de la mesa había una chica, de cabellos largos y rubios, con un elegante vestido de color negro, y con sus manos, enfundadas en un par de guantes negros de cuero, la chica sostenía un enorme, largo y filoso cuchillo.

    El basquetbolista se aterrorizó al ver a la chica frente a él con un cuchillo en mano, y más con semejante cuchillo, era realmente gigantesco, y solo atinó a balbucear:

    -            ¿Quién sos? ¿Qué querés?

    -           Mi nombre es Lorena Quesada – fue la respuesta de la chica – soy la “Matacarlos”, la asesina de los Carlos, ya maté a dieciséis de los tuyos, vos vas a ser mi víctima número diecisiete.

    -            ¿Estas loca? ¿Porqué? ¡Socorro! ¡Ayúdenme! ¡Una loca quiere matarme! – empezó a gritar desesperado el basquetbolista.

    -           Podes gritar lo que quieras, pero no va a venir nadie. No te va a escuchar nadie, pero te voy a dar una chance de sobrevivir, una prueba de supervivencia, aunque será muy difícil que la puedas superar.

    La chica entonces dejó el cuchillo sobre la mesa  y tocó un botón, el asiento donde estaba atado el basquetbolista se incorporó para adelante, quedando sus enormes pies al descubierto. La asesina sacó entonces una pluma, a la vez que empezó a acercarse al basquetbolista, y con la pluma, empezó a hacerle cosquillas en los pies.

    -           Esta es la prueba, Carlitos – dijo la asesina – ver si resistís las cosquillas en los pies.

    El basquetbolista no podía soportar las cosquillas, trataba de moverse de un lado a otro, se ría todo el tiempo, era una tortura realmente insoportable para cualquiera. Mientras le hacía cosquillas en los pies, la asesina acercaba su nariz a los pies del basquetbolista, los olía y entonces le dijo a Simoni:

    -           Que olor a Queso que tenes, como todos los Carlos, sos un Queso, siempre les digo lo mismo a mis víctimas, yo no asesino hombres, asesino Quesos, y vos sos un Queso, como todos los Carlos, no tengo otra alternativa que asesinarte.

    El basquetbolista quedó paralizado por el miedo y el terror. La asesina tomó el cuchillo y se acercó hacia su víctima. Dio una vuelta alrededor de la silla y se puso detrás de Simoni, la asesina entonces tomó con fuerza el cuchillo, lo puso sobre la garganta del basquetbolista, y le cortó el cuello, la herida fue lo suficiente profunda, no hizo falta nada más. La sangre chorreo por todos lados, y salió tanto por la garganta como por la boca del basquetbolista degollado. La asesina no tardó en abandonar el lugar pronunciando en voz alta el nombre de su víctima, la decimoseptima:

    - Carlos Patricio Simoni.

    Episodio 18 “Carlos Tevez”

    A pesar de estar buscada por todos y con numerosos pedidos de captura, la “Matacarlos” (la asesina de los Carlos), con diecisiete Carlos asesinados en su haber, decidió redoblar su apuesta y eligió como su víctima número dieciocho a Carlos Tevez, “Carlitos”, el “jugador del Pueblo”, “el Apache”, como lo llamaban.

    Una noche, Carlitos estaba en un boliche, tomando copas sobre la barra. La chica se acercó, se sentó la lado de él, y le dijo:

    -         Hola Carlitos, ¿Me invitas a una copa?

    -         ¿Quién sos? – le preguntó Carlos Tevez.

    -         Me llamo Daniela. Te aseguro que si queres tener sexo conmigo esta noche, no te voy a cobrar nada.

    -         ¿En serio? – le preguntó Carlos – Bueno, dale, pedí lo que quieras, yo pago, después vamos a tener sexo a algún lugar.

    Tomaron mucho aquella noche, finalmente, la asesina lo condujo en un auto y lo llevó a un descampado. De repente, el auto de detuvo y la asesina lo estacionó sobre la banquina. Le dijo a Carlitos:

    -         El auto tiene un problema. Hay que revisarlo. Nos tenemos que bajar los dos. ¿Me sostene esto?

    La chica le dio a Carlos el Queso, su fetiche en todos los crímenes. Carlos bajo del auto y caminó sobre la hierba, con el Queso en sus manos, mientras le daba la espalda a la chica. La asesina, entonces, desenfundó el revolver calibre cuarenta y cinco largo con silenciador. La “Matacarlos” estaba elegantemente vestida, con unos guantes negros que le enfundaban las manos. Con esas manos, enfundadas en guantes negros, sostenía el revolver que apuntaba a Carlitos. La asesina le dijo:

    -         ¡Carlitos!

    Carlitos se dio vuelta y para su sorpresa, la chica le apuntaba con el arma. El joven se horrorizó, y quedo parado frente a ella como un condenado a muerte espera la ejecución frente al pelotón de fusilamiento.

    -         Se acabó la farsa, Carlitos. Para muchos, para la mayoría, vos sos el gran Carlitos Tevez, pero para mí, en cambio, vos sos simplemente Carlos Tevez, y yo soy la “Matacarlos”, la asesina de los Carlos, vos vas a ser mi próxima víctima - le dijo la asesina a Carlos Tevez.

    Carlitos abrio la boca como para decir algo, pero la asesina no le dio tiempo. La “Matacarlos” disparó dos balazos que nadie oyó pues utilizó el silenciador. Al disparar el primer balazo la asesina dijo en voz alta: “Carlitos” y repitió el mismo ritual con cada uno de los disparos. Los dos balazos impactaron en el craneo de Carlitos, que cayó muerto inmediatamente. Mientras este se desplomaba, la “Matacarlos” disparó otros dos balazos, que impactaron en el cuerpo de Carlitos.

    El cadáver ya estaba sobre el piso, y la “Matacarlos” remató su faena, disparando otros dos balazos. Dos innecesarios balazos pues Carlitos ya estaba muerto. La “Matacarlos” lo hizo por pura placer, sintiendo una gran satisfacción, dando por concluida su tarea. El cadáver de Carlos Tevez quedó en el piso, entre el pasto. La asesina tomó el Queso que Carlitos tenía en sus manos mientras era asesinado y lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Entonces, dijo en voz alta:

    -         Carlos Alberto Tevez.

    Y se fue del lugar del crimen, un alejado sitio donde solo había pasto y tierra. Así fue asesinado Carlos Alberto Tevez. Por la terrible, sanguinaria e implacable “Matacarlos”, la asesina de los Carlos.

    Como aquellos cazadores que quieren mostrar su trofeo ante todo el mundo, la propia “Matacarlos” denunció el crimen ante un importante medio de comunicación.

    Soy la “Matacarlos” – dijo – “la asesina de los Carlos”. Acabo de cometer mi decimooctavo asesinato. Ahore también soy la asesina de Carlos Tevez. Asesiné a Carlos Tevez a balazos. Su cadáver está en el kilómetro 115 del camino rural 267. Vayan y descubran su cadáver. En los próximos días otros Carlos serán asesinados por mí.

    Episodio 19 “Carlos Matías Sandes”

    El crimen de Carlos Tevez causo una gran conmoción en la Opinión Pública. Las autoridades extremaron las medidas para dar con la temible “Matacarlos” que ya estaba identificada y era legalmente prófuga de la justicia. Carlos Tevez fue su víctima número dieciocho.

    Sus identikitis y ordenes de captura abundaban por todos lados.La asesina, una vez más, parecía eludir toda búsqueda, y se alejó de las grandes ciudades, radicándose en una capital de provincia, en la zona del litoral. Estaba decidida a permanecer un tiempo inactiva para pasar lo más desapercibida posible. Una vez más se cambio la identidad, ahora era Laura Soledad Villagran.

    Consiguió trabajo en un club dedicado al básquet, cuyo equipo militaba en las ligas de primer nivel, la asesina estaba tranquila pues ningún Carlos al que valiera la pena asesinar aparecía en su camino. Había sí, un Carlos que trabajaba en el buffet, pero era un hombre viejo, y otro joven y morochito, que limpiaba los pisos, pero ninguno de los dos entraba en el target de víctimas que buscaba la asesina.

    Una tarde, cuando los basquetbolistas ya se habían retirado del club, la chica entró para limpiar y ordenar el vestuario de los jugadores. Un par de enormes zapatillas talle cincuenta habían quedado sueltas sobre un banco. La chica las agarró y se acercó las zapatillas a la nariz. El olor a Queso era terrible, las zapatillas olían realmente muy mal.

    En ese ínterin, ingresó al vestuario otro empleado del club, la chica se apartó las zapatillas de su nariz para que no se dieran cuenta que las había estado oliendo. La chica le preguntó:

    -         ¿De quien sos estas zapatillas? Se las olvidaron.

    -         ¿De qué talle son? – preguntó el muchacho.

    -         Cincuenta en la medida europea, quince en la americana. Es lo que dice la etiqueta – contestó la chica tras ver la etiqueta.

    -         Entonces son de Matías Sandes – contestó el muchacho – es el único jugador que calza cincuenta. Tiene los pies más grandes. Llevalas y ponelas en su caja, donde los jugadores guardan sus cosas.

    La chica llevó entonces las zapatillas a la caja de Sandes, para dejárselas allí. Era una gran caja donde se solían poner las cosas perdidas de cada jugador. La chica tomó la caja y se fijó de quien era. Cada caja tenía una etiqueta con el nombre de los jugadores. La chica leyó la inscripción, decía: “Sandes, Carlos Matías”.

    “Carlos” volvió a leer la chica, sí el tal Matías Sandes se llamaba en realidad Carlos, Matías era su segundo nombre. La asesina ya no pudo contener su instinto criminal, había encontrado a su próxima víctima, la número trece. Un basquetbolista que medía dos metros y calzaba cincuenta. La víctima ideal y soñada.

    La asesina se imaginaba asesinando al basquetbolista, durmiéndolo primero con algún liquido o una pastilla, para atarlo en una cama o en una silla, y después, apuñalarlo, balearlo o ahorcarlo con una soga, y por supuesto, tirarle un Queso, una gran horma de Queso Gruyere, con grandes y voluminosos agujeros.

    La asesina se dirigió a los registros del club y averiguo donde vivía Carlos Matías Sandes. En una casa de la Calle de Mercurio, allí iría con el pretexto de devolverle las zapatillas. La asesina fue entonces a su departamento, se puso la ropa de color negro que solía utilizar cada vez que mataba a alguien, incluyendo los guantes negros, y guardo en su cartera, un gran cuchillo y un revolver calibre cuarenta y cinco con silenciador. Mientras se dirigía a la casa de Sandes, pasó por la Quesería, y compró una gran horma de Queso Gruyere.

    La asesina esperaba que Sandes estuviera solo en su casa, de lo contrario el plan se podría complicar, bueno en en caso de que hubiera otra persona, la asesina estudiera el terreno y el panorama, pero sí el basquetbolista estaba solo lo asesinaría sin piedad alguna.

    Por fin llegó al lugar, era el número 247 de la Calle de Mercurio. La asesina tocó el timbre, y una voz de hombre, preguntó:

    -         ¿Quién es?

    -         ¿El señor Carlos Sandes? – preguntó la asesina – Soy Laura, empleada del club, hoy se olvido unas zapatillas después del entrenamiento.

    El muchacho abrió y la asesina contempló a quien sería su próxima víctima: un joven muy alto y patón, de cabellos negros, que medía dos metros de altura y calzaba cincuenta, con un rostro bien parecido y guapo, muy lindo. El basquetbolista le dijo:

    -         Pasa, es verdad, no me dí cuenta que deje unas zapatillas – contestó Sandes – soy Carlos Sandes, aunque casi todos me conocen por mi segundo nombre, que es Matías.

    -         ¿Matías? ¿Preferís usar tu segundo nombre teniendo un nombre tan hermoso como Carlos? – dijo la chica.

    -         Es que en mi familia todos nos llamamos Carlos, por eso me acostumbré a usar mi segundo nombre, si no cuando alguien llamaba a Carlos, todos nos dabamos vuelta.

    La chica entró a la casa de Sandes y le dio las zapatillas.

    -         Aca tenes las zapatillas, Carlos. Y además te traje algo más, en el club dejaron un regalo para vos. Espero que te guste. Es esto – La asesina puso entonces el Queso sobre una mesa.

    -         ¡Un Queso! – dijo sorprendido Carlos Sandes – Me encantan los Quesos, me lo voy a comer entero yo solo.

    La asesina comenzó a ver a su alrededor y percibió que Sandes estaba solo, era entonces la ocasión ideal para asesinarlo. El basquetbolista le dijo a la chica:

    -         Te conozco del club. Sos muy linda. No te vayas. ¿Querés tener sexo conmigo? La podemos pasar muy bien.

    La chica contestó:

    -         Con todo gusto, Carlos, perdón, Matías, si es así como preferís que te llamen.

    -         Es lo mismo, aunque todos me conozcan como Matías, si te gusta llamarme Carlos, hazlo. Soy un Carlitos, así lo dice mi documento.

    -         Primero voy al baño, Carlos, y después disfrutaremos del sexo.

    La asesina entró al baño, se desnudó, aunque siguió teniendo los guantes negros en sus manos, y sacó el cuchillo, decidió entonces que apuñalaría al basquetbolista. Antes de salir, la asesina vio al basquetbolista que la estaba esperando, acostado en un sofá con sus dos enormes pies sobresaliendo del ángulo inferior. Le llamó la atención que Sandes tuviera guantes negros en sus manos.

    La asesina salió entonces del baño escondiendo el cuchillo detrás de su espalda. Comenzó a acercarse hacia donde Sandes, se puso en una posición desde saltaría sobre el cuerpo del basquetbolista, para apuñarlo en forma salvaje.

     Iba a hacerlo, cuando de repente, el basquetbolista le dio dos brutales patadas con su pie talle cincuenta. El golpe fue tan fuerte que la asesina cayó de bruces al piso y soltó el cuchillo de sus manos. Sandes se levantó rapidamente del sofá y volvió a golpear a la asesina sobre el piso, le dio más patadas, e impidió que la chica pudiera agarrar el cuchillo.

    -         Conmigo no, “Matacarlos”. Habrás podido matar a muchos Carlos, pero a mí no. Te descubrí y ahora morirás en tu ley.

    Carlos Matías Sandes tomó entonces un gran machete que tenía escondido debajo del sofá y lo descargó sobre el cuello de la chica, le dio tres golpes brutales, hasta que finalmente la decapitó. Así murió la Matacarlos, asesinada por un Carlos.

    Sandes tomó el Queso que la asesina le había llevado y lo tiró sobre el cadáver de la asesina, ya ajusticiada, mientras lo hizo dijo en voz alta:

    -         Queso.

    Después llamó a la Policía. En la declaración dijo lo siguiente:

    -         Mi nombre es Carlos Matías Sandes. Acabo de matar a una mujer en defensa propia. Intento asesinarme con un cuchillo, me defendí y le corté la cabeza con un machete. Creo que es la asesina serial conocida como la “Matacarlos” que asesinó a dieciocho hombres, entre ellos a Carlos Tevez.

    La justicia procesó a Carlos Matías Sandes por homicidio culposo, pero entendiendo que actuó en legítima defensa rapidamente no lo juzgaron ni lo condenaron, y la causa quedo archivada.

    Epílogo

    La policía dio a conocer los detalles del caso, ya resuelto, tras allanar el departamento de la asesina, donde tenía un diario personal que relataba con detalles cada uno de sus crímenes.

    - En el día de ayer fue asesinada la señorita Ana Laura Quesada, también conocida con otros nombres como Alejandra Julieta Cazón, Mariana Fernanda Monzón y Laura Soledad Villagran. Esta chica se hizo famosa por ser la “Matacarlos”, la temible asesina serial que mató a dieciocho hombres todos llamados Carlos. Actuo en principio movida por una venganza personal, a raíz de ser la única sobreviviente de un horrible cuadruple crimen que ocurrió siendo niña, cuando fueron asesinadas su madre, su tía, su hermana y la mucama. Cometida la venganza, pues la chica asesinó a los cuatro culpables del hecho, todos llamados Carlos, la asesina continuó cometiendo crímenes sin sentido elegiendo como víctimas a hombres que se llamaban Carlos. La más famosa de estas víctimas fue Carlos Tevez. Finalmente, la asesina intentó apuñalar al basquetbolista Carlos Matías Sandes que, en un acto de legítima defensa, la decapitó.

    Así concluye la historia de una asesina serial sanguinaria e implacable conocida como “la Matacarlos” porque todas sus víctimas, en total doce hombres, se llamaban Carlos, y sus días concluyeron asesinada por un Carlos, que le cortó la cabeza y le tiro un Queso.

    — 6 days ago
    #carlos  #mujeres asesinas  #crimenes  #asesinatos  #cuentos  #terror 
    Woman killing man with knife

    Woman killing man with knife

    — 3 weeks ago
    #woman kills man  #lady killer  #man murdered  #knife 

    quesosasesinoscarlos:

    El comic completo donde Wanda Nara es asesinada por los basquetbolistas Carlos Matias Sandes y Carlos Leonel Schattmann

    http://cuentossangrientos.blogspot.com.ar/2014/08/el-comic-del-asesinato-de-wanda-nara.html

    — 1 month ago with 1 note
    #wanda nara  #queso  #comics  #asesinos seriales